13 de agosto.

Hace frío y parece no importarle a nadie
más que a ti y a mí,
que vamos tapados hasta las orejas
con la cabeza llena de pensamientos guarros
pero nadie excepto nosotros se da cuenta.
La gente bebe, come y baila
y la mujer que canta sigue cantando
se mueve de un lado a otro,
invita a cantar y la voz de mi padre
suena en el micrófono
y tú te abrazas a ti mismo
y yo me abrazo a mí misma
y deseo con todas mis fuerzas beber y colocarme
y evadirme un rato antes de que todo acabe
pero la mujer que canta deja de cantar
y nuestra vecina la panadera anuncia un bingo,
y entonces nos vamos a casa.
La noche es bonita y hay música de fondo
S. lleva a su perra en brazos todo el rato
y nos habla de su proceso a vegetariana
de lo que ama los animales,
y mi cabeza piensa todo el tiempo
"¿cómo hemos crecido tanto?
¿cómo hemos crecido tan rápido?"
recuerdo los bebés de A. y D.
de sus jóvenes manos preparando biberones
de sus pequeños cachorros moviendo
sus pequeños pies en sus brazos
y entonces veo la vida,
y de nuevo, con más de un cubata encima
y algo colocada
pienso que mi vida está en auge
que está llegando al climax, tan rápido
que en ese momento no me importa nada.

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