11 de agosto.

Todo ese mar revuelto que sentía se ha calmado. Ahora la piel es piel cálida y todos los cuervos internos están en silencio, mudos, tranquilos, como si nada de lo anterior hubiese pasado nunca.
El miedo solo vuelve cuando piso aquel cúmulo de hojas y tierra seca, cuando puedo oler el olor de los cerdos, cuando escucho el sonido de los pájaros en libertad. Es entonces, solo en ese momento, cuando siento la jaula de nuevo.
Déjame perderme en esa piel,
déjame quedarme a dormir
bajo esa piel lisa y blanca,
esa piel dulce y salada al mismo tiempo.
Dame de comer de tu cuerpo,
solo quiero tu cuerpo.

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