29 de junio.

I. El mar me rozó la piel. Esta piel áspera se convirtió en piel de escamas blanquecinas, de manchas blanquecinas más allá del moreno brillante. El cuerpo se convirtió en un alga más del Mediterráneo, la columna vertebral se desquebrajó y se convirtió en nudos. Todo nudos.

II. Llueve y truena. Los relámpagos me recuerdan a mis estrías cuando las tocas. Están, a veces asustan pero son normales y forman parte de la vida. Quiero pensar. Tenemos miedo, más que nunca. Todo es un torbellino emocional y la vida me asusta y me alegra mucho más que antes, a partes iguales.

III. Estoy aprendiendo a base del dolor de la vida. Callejeo por calles que antes solo eran de visita y que ahora se están convirtiendo en mi hogar. Empiezo de cero aunque todo cueste. Mi piel sigue siendo de escamas, pero esta vez son más finas, suaves y delicadas. Ya no siento que algo falla en mi interior, ahora siento que el árbol de la vida que tengo dentro crece, y que esa libertad que tanto ansié ya ha llegado.

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