Abril se quedó amamantando los miedos.

Mayo empieza con las sábanas revueltas y los cuerpos cálidos. Pasamos los días pegados, descansando en la misma cama y mirándonos la luz reflejada en los párpados. El mes empieza con listas a medias para hacerla compra, un billete naranja en el suelo y la casa a solas. Las ventanas que dan a la calle se convierten en ventanas por las que entra la luz y nos pilla riendo a carcajadas, paseando por esas paredes que poco a poco hemos convertido en nuestras.
Abril se quedó amamantando los miedos, acunándolos para que jamás vuelvan a salir a la luz; y mientras tanto, nosotros recorremos pueblos medio vacíos que prometemos que serán nuestros y todo vuelve a tener sentido.

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