09 de abril de 2017.

Ceno pasta de sobre y me masajeo las rodillas. El dolor se ha clavado en el cuerpo en forma de pinchazo que recorre cada una de mis vértebras. He guardado los malos recuerdos en una vieja caja de zapatos para no tenerlos a la vista y olvidarme de todo lo que una vez consiguió hacerme daño. Bajo al jardín y extraño las flores salvajes. En su lugar ahora hay lechugas, berenjenas y más vegetales plantados que esperamos que en un tiempo den sus frutos. Al lado de mi almohada descansan los mismos libros que hace dos semanas atrás. Nada ha cambiado.
Echo de menos el mar, el ruido de las olas y la arena pegada en los talones. Extraño el calor húmedo y el olor a sal de la costa. También extraño las caricias mudas y los besos que podrían hacer temblar hasta el otro lado del mundo.

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