No necesito que nadie me salve.



Apenas tengo fuerzas como para mantener los ojos abiertos y mantenerme en pie. Pego un corazón de papel de burbujas en el cuaderno en el que escribo y escribo tres líneas después que apenas tienen sentido. No descanso ni aun queriendo hacerlo y me duermo en el coche de vuelta a casa después de 6h de estudio y ojos cansados. M. dice que todos tenemos problemas y yo me callo los míos porque no quiero mostrarme débil. Nada tiene ningún sentido y me siento dentro de un remolino en plena ebullición del que no sé cómo salir, pero no necesito que nadie me salve.

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