El rostro de los enfermos. Todo está lleno de muerte y de dolor y me siento culpable por ser acompañante y no la enferma. Los rostros pálidos y el líquido desinfectante colgado de las paredes. Todo me da vueltas, el olor a enfermedad nos acuna mientras la espera cada vez es más y más larga. Se escucha el sonido del oxígeno, de las respiraciones costosas y de los pasos lentos de la gente que se tambalea.

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