Diario de una mañana lluviosa.

Tengo frío. La biblioteca está llena de gente con la mirada clavada en sus apuntes y yo me miro las manos, llenas de heridas a medio abrir y pieles muertas. "Las manchas parecen continentes", me digo, e intento creérmelo de veras. El frío está recorriendo cada centímetro de mi cuerpo mientras intento dejar la mente en blanco y centrarme, solamente, en los ejercicios financieros que no me dejarán dormir esta noche. Por un momento me siento esclava de esas cuatro paredes, de esos pasillos enormes llenos de historias que jamás sabré qué esconden y me siento pequeña y efímera por un segundo. Cojo mi abrigo, mi bufanda y salgo a la calle. "Mis continentes y yo necesitamos un descanso", me digo.

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