diario 20 de octubre

"Quién va a sanar esta sangre que un día no sé cuándo
se detuvo alrededor de un abismo
fue vida
y se hizo boca."
Clarisse Nicoïdski



Las punzadas en el vientre que habían cesado han vuelto para recordarme que no soy de piedra, que bajo este manojo de piel y músculo todavía queda vida y órganos dañinos y un corazón medio muerto.
Recorro el mismo camino mañana y noche y siento que nada de lo que me rodea cambia, excepto lo que llevo dentro, eso se vuelve cada vez más oscuro, más sombrío, aunque a veces piense que florece. Tengo los labios agrietados por culpa del frío y solo pienso en la sangre, en que la merezco, en que merezco su olor y su sabor metálico y entonces me calma y pienso que he vuelto a ser yo.
Siempre pensé que la felicidad eran unas alas que te dejasen volar alto, que te dejasen notar la libertad entre las plumas, bajo la piel porosa, aunque durase apenas unos minutos. Mis minutos se convirtieron en segundos y ahora todo duele, y ya no tengo alas, y me siento de nuevo en una jaula sin barrotes pero que no me deja ver el sol.
Las decisiones se clavan entre las costillas, afilándolas y convirtiéndolas en huesos punzantes que aunque nos duelen, es imposible sacarnos de dentro. Es amor es algo así como esas costillas, que se clavan dentro y que aunque a veces duelan -duelen mucho-, se quedan dentro porque son parte de nosotros.

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