5 de octubre.



M. se pasa las clases chateando con alguien que conoció en Internet y se pasa las horas muertas ilusionada y con una sonrisa de adolescente entre los labios. I. se avergüenza de su tía porque ésta grita y grita y grita y no tiene vergüenza y después le repercute a él. MB. tiene planes de boda y me explica cosas sobre su religión que no lleno a entender y tampoco comparto. S. llama a su novio entre clase y clase aunque hayan pasado cinco minutos desde que no se ven. J. me mira desde el otro lado de la sala, la mayoría del tiempo, y me pregunto qué verá en mí que le resulta tan interesante. S. está enamorada desde hace tiempo y planea viajes y folla, y grita y se siente libre. Á. se ilusiona conmigo y me mira y me besa y ve en mí alguien que yo no veo. 
Y después estoy yo, que necesito libros y música para no pensar en mis trastornos, para no pensar en mi fracaso, en mi capacidad de perder. Me sangra la nariz a menudo y me visto como una cantante de punk de los 90. Yo, que intento aprender idiomas nuevos y repito las palabras una y otra vez y no aprendo nada, más que a doler, a que me duelan y a mentir. He aprendido a mentir-me, a hacer que la vida ya no me duela tanto. He aprendido a quedarme callada y quieta y a esperar mi momento, que aunque casi nunca llega, espero con la esperanza azul de un pájaro que quiere echar el vuelo.

3 comentarios:

  1. Hay tantas vidas, tantas formas de gritar.
    Me gusta mucho que nos cuentes, nos acerques tu realidad a la vez que la medio escondes tras palabras, gestos o letras. No sé, N., siempre me has parecido especial, que algo en ti es especial, es como una fotografía bonita de weheartit.

    besos
    y abrazos.

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  2. El año pasado leí parte de Crónica del desamor (de Rosa Montero) en literatura. El concepto de "crónica de lo diario" destacando los pequeños detalles de vidas cotidianas convirtiendo cada uno de ellos en algo más especial, me capturó por completo. Ahora leo tu texto y me recuerda, inevitablemente, a ese concepto, a esa crónica de lo diario que rescata trozos de vida y los convierte en historias que importan.
    Estoy 100% segura, aunque suene a libro de autoayuda, de que ese momento llegará. Porque, por suerte o por desgracia, nada dura para siempre: entre ello las esperas.
    (abrazos eléctricos.)

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  3. Llegará tu momento, con una fuerza arrasadora que te deje las piernas hormigueando y los labios secos, sonriendo.

    Abrazos.
    13.

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